Mi otro yo

Vives en mi, eres  la presencia con la que comparto mi cuerpo, somos dos parte de un todo, que no puedo separar aunque quisiera.

Tengo todos los atributos que define  a una persona en nuestra sociedad, un nombre, un número de identificación, una dirección, un teléfono, una profesión, deseos, preocupaciones, familia y amores.

Esa otra parte es más sutil, no necesita nada, ya es

Está siempre conmigo, a donde voy, lo que hago, lo que pienso. Callada, observa, sin juzgar, sin intervenir, pero siempre presente.

De pronto, en un momento que pierdo la noción del tiempo y estoy muy tranquila y en silencio, se apodera del mando de mi mente y es ella la que escribe, no es mi cuerpo el que lo hace, es esa presencia suave, que me hace sentir mi verdadero yo, sin máscaras, sin definiciones sin atributos externos.

Esa parte de mi que nadie conoce, que yo misma no conozco, pero que sabe todo de mi, de mis deseos más profundos y mi propósito en la vida.

Mi mente siempre dominando, no le deja espacio, siempre está diciendo que hay que hacer y cómo.

Solo por momentos siento esa presencia intensamente en mi, cuando escucho una canción y me emociono, cuando veo la belleza de las cosas, cuando siento que el amor se acerca a mi y me abraza y cuando sucede, estoy feliz, no hay preocupación, no hay miedo y siento que somos lo mismo.

Cuando escribo también siento esa cercanía, no estoy dividida. Es una pasión que me permite expresar la alegría, la tristeza, el amor, cualquier sentimiento, mejor o peor. Una vía de escape.

No se el sexo de esa presencia, no lo puedo definir, creo que no tiene, las almas o el espíritu no tienen sexo. Le di un nombre para expresarme a través de ella, un nombre femenino porque está en mi, en un cuerpo de mujer.

Todos tenemos dentro de nosotros esa presencia que no podemos explicar, que nos da la vida y le damos un nombre diferente: alma, espíritu, energía universal, Dios, no importa como lo llames, está en nosotros. Es lo que en realidad somos, pero que muchas veces olvidamos y no dejamos que nos lleve por el camino que sabe que es el mejor, que conoce nuestras más profundas  aspiraciones en la vida y lo que puede convertirnos en mejor persona.

Para que podamos acercarnos a esa presencia maravillosa que habita en nosotros, tenemos que estar en paz, en silencio y dejarnos guiar por la intuición que nos llega a través de nuestro corazón y de la espiritualidad que esa presencia nos regala.

Firma3

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