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Hoy te recuerdo.

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Hoy te recuerdo, en esta tarde en que el cielo llora a su antojo.

Hoy te recuerdo, y me duele saber que no estamos juntos.

En tardes como estas solíamos hacernos el amor. Eran tardes felices, de esas que no podemos repetir cuando queremos, y que recordamos para hacernos daño.

El tiempo ha pasado y no llega el olvido.

Te recuerdo en tardes como estas, y en mi cuerpo están marcadas tus manos, marcas que como tatuajes de fuego llenan cada rincón de mi cuerpo.

Hoy te recuerdo, y en mis oídos suena tu voz. Recuerdo cada frase, cada palabra, cada sonido de tu voz quebrada por el deseo y se despiertan en mi un tumulto de sensaciones, mi cuerpo se despierta del letargo.

Hoy te recuerdo, y es tal real que puedo sentir tu respiración entrecortada y tus labios en mi cuello.

Hoy te recuerdo, y mi recuerdo en ti y mis manos en mi me hacen sentir la pasión.

Hoy te recuerdo, y mi pensamiento en ti y mis manos en mi me hacen disfrutar el placer.

Hoy te recuerdo, y mi cuerpo vibra y por un momento me parece real tu presencia.

Hoy te recuerdo, y vuelvo a sentir tu ausencia, en esta tarde en que el cielo llora a su antojo.

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Tus manos

Tus manos


Tus manos, mi parte favorita de ti. Tus manos, la mejor expresión de tu amor.

Me gusta mirarlas, pero me gustan más cuando me tocas. Tus manos en mi piel producen chispas en mi cuerpo. Con tus manos puedes sacar mis mejores melodías, mis mejores reacciones.

Tus manos recreándose en mis senos me llevan a las puertas de la locura, no puedo soportar que no acaricies mis senos, están sedientos de tus manos.

Mi cuerpo ansia tus manos, mi cuerpo explota en tus manos, mi cuerpo se pierde en tus manos.

Tus manos en mi cuello, en mi espalda, en mis caderas, acariciando suaves y firmes por momentos, calientes, que trasmiten corrientes de energía excitantes a mi cuerpo.

Tus manos recreándose en mi sexo me llevan a las puertas de un éxtasis supremo, no puedo soportar que tus manos no se detengan suavemente en mi sexo y con movimientos certeros, ágiles y a la vez sutiles me detienen en el tiempo y pierdo toda la conciencia en un tumulto de sensaciones que no puedo controlar.

Tus manos y mis manos cuando llegamos al límite se unen sedientas, desesperadas, ardientes. Nuestras manos no pueden separarse. Hasta que perdidos en nuestras sensaciones no pueden sino dejarse llevar y caer en un abismo llenos de sensaciones, sentimientos y placer infinito.

Tus manos me provocan placer y éxtasis, ansia y deseo, sentimientos y sexo desenfrenado.

Tus manos, con su fuerza y su dulzura, su pasión y su energía. Son mi mejor regalo.

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Si hay próxima vez.

Si hay proxima vez


Teníamos una relación de varios meses en la que pasábamos tiempo conversando o besándonos y tocándonos, disfrutando de nuestros cuerpos en el asiento posterior de su coche.

Nuestros encuentros en el coche estaban aderezados por un intenso erotismo, nos masturbarnos el uno al otro de todas las formas posible y el hecho de hacer algo prohibido hacia mucho más excitantes y satisfactorios nuestros encuentros.

Un día, al fin, después de varios encuentros decidimos ir a un motel para hacer el amor tranquilamente, sin la incomodidad del coche.

Fue un encuentro intenso con momentos de frustacion por parte de él. Los dos estábamos nerviosos ante una situación que no habíamos tenido antes. Teníamos muchos deseos de hacer el amor desnudos y sin miedo a que nos pillaran y al  principio le costó tener una erección y cuando intentaba penetrarme, su erección cedía y no podía mantenerla.

Seguimos con juegos amorosos y besos intensos llenos de deseo y después de un rato su erección me hizo disfrutar intensamente. Hicimos el amor como locos durante el largo rato que permanecimos en la habitación en la que estábamos, dos o tres horas, no recuerdo el tiempo exacto. Teníamos hambre y decidimos salir a comer algo.

Él me dijo que la próxima vez traería algo para picar porque lo que ofrecían en el motel no le gustaba y hacer el amor le daba un hambre voraz. Inmediatamente supuse que había estamos antes con otras chicas. Sentí una fría sensación de miedo en mi espalda. Los celos hicieron su entrada.

¿Con cuantas ha hecho lo mismo?, ¿ha cuantas ha traído aquí y le ha hecho el amor igual? Me quedé pensando un poco y casi sin pensar ni saber a ciencia cierta lo que decía, le dije:

– Bueno, si hay próxima vez.

El me miro intrigado y un poco desconcertado, pero no dijo nada. Nos vestimos, salimos y fuimos a comer y tomar unas copas.

La mañana siguiente, muy temprano, me llamo y me dijo que había dormido muy mal, pensando en lo que le había dicho, no podía entender que con lo bien que la habíamos pasado juntos había puesto en duda que nos pudiéramos encontrar de nuevo. Solo de pensar en lo sucedido deseaba volver a encontrarnos de nuevo en el motel.

Sonreí y al recordar todo mi cuerpo se estremecía de placer. respondí.

-Duerme tranquilo, fueron los celos, tendremos una próxima vez y muchas más. Dormirás como un ángel.

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La Soledad

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La soledad vive conmigo, es mi soledad, es parte de mi, de mis visiones de mis deseos.

Mi soledad es mi compañera de muchos días, aunque este rodeada de gente, ella se acerca y me susurra en el oído y la siento cerca, muy cerca.

A veces estamos en paz, nos acompañamos mutuamente, nos aceptamos, nos hacemos una grata compañía, somos amigas.  Puedo decir, que  demasiadas veces me siento muy bien con ella, la abrazo, la disfruto y  es una importante parte de mi.

Otras veces me agobia su presencia, la odio, necesito la presencia de alguien con quien intercambiar palabras, emociones, deseos. Necesito socializar y oír diferentes criterios, oír nuevas historias, compartir sucesos.

Cuando ha pasado un tiempo vuelvo a tener necesidad de nuevo de mi soledad y la busco para poder asimilar la compañía de otras personas.

Estoy entre dos extremos, el deseo de estar sola y el deseo de compartir con otros.

Me encanta estar sola para oír música leer, escribir, meditar, permitirme hacer lo que apetezca sin pedir permisos, sin cotejar criterios, evaluar deseos o llegar a acuerdos. Salir a caminar y dejar vagar mí mente, imaginar sucesos, recrear cosas que deseo y como obtenerlas, o situaciones en las que quisiera encontrarme o simplemente imaginar el futuro que quiero para mi.

Me encanta conversar, oír historias, comparar ideas, y para eso necesito compañía de otros. Es mi otro extremo en que mi soledad se retira silenciosa y espera porque vuelva a ocupar el primer lugar.

Hay días en que al despertar, deseo estar sola, deseo solo oír música, tener cerca mi portátil y escribir, transformar en  letras un pensamiento, un sentimiento, o ideas que surgen de la nada. Esos días estoy feliz de poder disfrutar de mi soledad,

Otros días al despertar me pregunto que puedo hacer para ver gente, para conversar, ser útil para otros, realizarme en algún servicio aunque sea el de compartir una sonrisa. Esos días me  aterra la soledad y busco algo que hacer lejos de ella. Deseo oír diferentes opiniones, y ver como las personas se proyectan en cada caso.

Me considero una buena oyente, muchas veces los dejo que hablen y solo escucho, muchas personas tienen una gran necesidad de ser oídas.

No se si a otros les sucede lo mismo y se debaten entre estos dos extremos en que me encuentro, pero analizando mi vida, esto me ha sucedido siempre, no puedo definir cuando se hizo tan claro para mi, pero es una situación que siempre me ha acompañado.

Nunca me ha asustado la soledad, pero reconozco que puede ser muy difícil, quiero tener compañía y a la vez me gusta disfrutar de la soledad por decisión propia y no por necesidad.

Comprendo que los que no tienen con quien compartir su vida, no me entiendan, muchas veces tampoco yo me entiendo, y es por eso que tratando de entenderlo, escribo. Cuando pienso en que algún día puedo quedarme sola sin ningún ser querido cerca o sin la persona que es mi compañero de vida, me asusto mucho  y no se que haré en ese momento ni como pensare.

Hoy estoy en compañía de  mi soledad y me he permitido escribir sobre mis deseos extremos.

No espero que me entiendan, pero al menos que les permita reflexionar sobre sus sentimientos sobre la soledad.

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Extraño tu Mirada Enamorada.

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Extraño tu mirada, tu mirada extasiada sobre mi cuerpo, tu mirada sobre mi cara, sobre mis labios. Extraño el deseo en tu mirada.
Extraño tu mirada de aprobación sobre mí, tu mirada de alegría al verme, tu mirada de tristeza el separarnos. Extraño el amor en tu mirada.
Extraño aquella mirada, ahora no es igual, me ves, pero no me miras, no se detiene tu mirada sobre mí, no me dices nada con ella. Tu mirada esta muda, vacía y oculta tras un inmenso abismo que no puedo descifrar.
No hay amor en tu mirada, no hay deseo, no hay aprobación, no hay nada.
No puedo acostumbrarme a esa mirada que no me reconoce, a la sensación de vacío, a la ausencia de sentimiento y calidez que me regalaba.
Tu mirada está ausente, y yo, me pierdo en tus ojos buscando tu mirada, buscando tu alma, buscando el sentimiento perdido, el amor ausente.
Extraño tu mirada, tu mirada enamorada, llena de calor y de deseo. Extrano aquellos días en que solo con mirarme me sentía segura, me sentía amada.
Cuanto tiempo ha pasado, cuanto tiempo que no me miras. Tus ojos ya no son aquellos.
Y yo, extraño tu mirada. Extraño tu mirada enamorada.
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