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El Tiempo y el Amor

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El tiempo lo pone todo en su sitio y le da sentido a lo vivido.

Nos suceden cosas que en su momento no podemos calificar y no sabemos si las decisiones que tomamos nos llevaran por buen o mal camino.

Cuando hacemos un recuento de lo vivido, el camino es la respuesta a nuestras acciones, todo lo que sucede es para llegar al lugar donde estamos ahora, aunque en algunos momentos no teníamos claro a donde nos llevaba.

Antes de conocerte, me enamoré, sufrí desengaños, pensé no volver a amar, volví al amor y de nuevo lo perdí.

Todas esas situaciones, todos esos amores, todos esos desengaños me sirvieron para aprender sobre el amor, y aprender que primero tenía que amarme a mí y solo entonces sería capaz de amar y de dar amor.

Conocerte cuando no esperaba el amor, cuando no buscaba el amor, cuando amarme a mí misma era lo importante, fue un milagro.

No conocimos de forma casual, tan casual que era imposible en ese momento pronosticar nada futuro. Salía de mi casa para realizar algunas compras y tú estabas buscando una dirección de una casa en mi vecindario, me preguntaste por la persona que buscabas, te dije que no la conocía, pero comente que dos o tres casas después de la mía se habían mudado una familia recientemente y podía ser esa la casa que buscabas. Me diste las gracias y seguiste tu camino, puedo decirte hoy que en ese momento no podía decir nada de ti, porque te mire, pero no te vi.

Al regresar coincidió que tú también terminabas la visita y pasaste frente a mí en tu coche y me diste las gracias porque era la casa que buscabas. Nos deseamos buenas tardes y entre a mi casa.

Fue todo ese día. Algunos días después, no puedo recordar cuantos, pero supongo que más de una semana, porque ya no recordaba el incidente, fui a tomar un café con una amiga y entraste en la cafería preguntando por una imprenta en la zona. Te oí hacer la pregunta a una persona cercana a nosotras y justo al lado de nuestro trabajo había una imprenta y mi amiga te indico el lugar, te acercaste a nosotras y cuando me viste, dijiste.

– Parece que estas predestinada a darme las direcciones que busco.

Por mi cara, supiste que no recordaba haberte visto antes y me recordaste el incidente cuando estaba buscando la dirección cerca de mi casa.

Después de ese día nos encontramos varias veces cuando visitabas la imprenta y coincidíamos al salir o entrar.

En otra ocasión coincidimos en la cafetería cercana a la hora del almuerzo y nos sentamos en la misma mesa y conversamos durante un rato, intercambiamos información personal y a partir de ese día nos hicimos amigos, conversábamos y pasábamos pequeños ratos juntos, hasta que un día me preguntaste si aceptaba ir contigo a un concierto un sábado en la noche.

Ya en ese momento me sentía bien en tu compañía y eras un amigo apreciado por mí.

Esa noche después del concierto nos fuimos a cenar y antes de terminar la noche, me dijiste que estabas enamorado y querías saber si aceptaría tener una relación más íntima.

Yo respondí: – Creo que sin darnos cuenta ya la tenemos, no tenemos relación intimas, pero nos sentimos bien juntos y nos entendemos.

Él se acercó y muy suavemente me beso, yo acepte el beso. Un beso que al momento se llenó en deseo y se volvió intenso y apasionado. No supe más de mí, todo fue como un sueño y amanecí en su cama al día siguiente.

No fue un amor a primera vista, no buscábamos olvidar amores pasado, fue un camino lento sin pedir nada a cambio, nos conocimos de casualidad y nos hicimos amigos por coincidir en sitios comunes. El amor nos sorprendió y el tiempo lo hizo crecer, nos acostúmbranos a vernos, a hablar por ratos, a hacernos imprescindibles el uno al otro y cuando al fin nos dimos cuenta estábamos enamorados y ya no fue posible volver atrás.

Un amor mutuo, inesperado y sin traiciones, no creció en el dolor de otros, fue siempre nuestro, sin personas a quienes sustituir y sin situaciones que reparar.

Hoy estamos viviendo un amor saludable, intenso y muy hermoso. Estoy feliz de amar de nuevo, de sentirme querida y de quererte sin miedo. No sé qué sucederá en el futuro estoy viviendo el presente, el amor del día a día, sin preocuparme, disfrutando de este momento que es lo importante.

Estoy enamorada y tú me amas, lo veo en tus ojos, lo siento en tus manos, me lo dice tu boca y es suficiente.

¿Hasta Cuándo? No importa. Nos tenemos hoy, nos amamos hoy. El presente es demasiado hermoso para pensar en mañana.

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Una Mañana Cualquiera.

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Te vi una mañana. Una mañana de esas en que no esperas nada especial.

Sales al mundo con cosas por hacer, sintiendo que será un día como otros, repitiendo lo mismo como tantos días de tu vida.

Estaba con mi mente absorta del mundo que me rodeaba, siguiendo los pasos que tantas veces había dado.

Me detuve a esperar en uno de los sitios donde tenía que hacer algo de lo previamente planeado para el día.

Mientras espera busque entre mis cosas los papeles que necesitaba para tenerlos listos cuando llegara el momento.

Había mucha gente que iba de un lugar a otro esperando solucionar algún asunto pendiente, entraban y salían buscando el lugar adecuado para arreglar lo suyo.

– ¿Este papel es suyo? Lo he visto caer cuando pase por su lado.

Oí una voz de hombre fuerte pero melodiosa, cerca de mí.

Me volví hacia la voz y te vi, me mirabas con una mirada entre preocupada y amable.

– ¡Oh! Gracias, es cierto, es mío. Mil gracias de nuevo.

-Por nada, se lo importante que son a veces los papeles y perder alguno puede ser un gran problema.

Tus ojos se encontraron con los míos y se quedaron presos, ambos sonreíamos con los ojos y nuestras bocas se sumaron con una sonrisa inmensa.

Lo supe inmediatamente, tu alma y la mía se reconocieron, no puedo decir que sintieras lo mismo que yo, pero tus ojos me decían cosas que yo entendía.

Fue muy fugaz nuestro encuentro, pero suficiente para reconocerse. Quizás no estés en mi futuro, pero en mi renació un sentimiento olvidado. Quizás no vuelva a verte y entre nosotros solo medie un saludo fugaz, pero volví a sentirme viva y supe que volvería a amar, que volvería a confiar, que volvería a entregar mi corazón.

Me distes los buenos días y te respondí lo mismo, te alejaste y te seguí con la mirada hasta perderte entre la gente.

Hoy te vi, y volvió la esperanza a mi vida, volví a ver que los días no tienen que ser iguales y que a pesar de todo cada día puede ser un misterio.

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